Efectos de una política de comercio exterior
Con respecto a la implementación de la política comercial en Argentina, lo que nosotros podemos ver es que desde el fin de la convertibilidad las importaciones han crecido significativamente, pasando de importar U$S 9.000 millones en el año 2002 a U$S 74.000 para el 2011. Del análisis de los guarismos por sectores y tipos de […]

Con respecto a la implementación de la política comercial en Argentina, lo que nosotros podemos ver es que desde el fin de la convertibilidad las importaciones han crecido significativamente, pasando de importar U$S 9.000 millones en el año 2002 a U$S 74.000 para el 2011. Del análisis de los guarismos por sectores y tipos de bienes, surge claramente que este comportamiento se mantuvo tanto para los bienes de capital, como para los insumos intermedios y bienes de consumo, registrándose un crecimiento aún mayor en las importaciones de combustibles.

Este aumento de las importaciones acompañó el crecimiento de la economía a lo largo de la década y, en general, fue la resultante de una política de comercio exterior administrado con objetivos tales como la sustitución de importaciones, la defensa de la industria nacional, el sostenimiento del empleo, el crecimiento del producto y el mantenimiento del superávit comercial externo.

Ahora bien, es evidente que en los últimos años ha habido algunos cambios en los instrumentos de política utilizados, y que han repercutido en el conjunto de la economía y en las empresas en particular. La aplicación más generalizada de las LNA (licencias no automáticas), las DJAI (declaraciones juradas anticipadas de importaciones) y los controles de cambio más rigurosos, fueron surtiendo efectos acorde con los objetivos oficiales.

La propuesta de la defensa de las divisas (superávit comercial) para hacer frente a los compromisos de pagos en moneda extranjera, fue tal vez el argumento de mayor peso para hacer más dificultoso el trámite de las importaciones, a la par que ejercer un control más estricto de las mismas.

El resultado macroeconómico fue el esperado, ya que el superávit comercial se mantuvo en el orden de los U$S 10.000 a U$S 12.000 millones, y en cuanto a las importaciones en general, crecieron, por ejemplo, el  5% comparando el primer bimestre del 2013, con el mismo período del 2012, destacándose nuevamente el aumento de los combustibles, que fue del 52%.

En rigor de verdad, estos resultados se obtuvieron en el marco de la aplicación de medidas que en muchas oportunidades resultaron inesperadas y de difícil instrumentación, y que en términos de la microeconomía trajeron inconvenientes en el funcionamiento de algunas empresas. Aquí el gobierno dio prioridad, según su discurso, al interés general por sobre el interés particular.

Este contexto efectivamente repercutió en algunas empresas generando todo tipo de dificultades administrativas, burocráticas y en algunos casos de producción, que hicieron difícil la planificación y funcionamiento a corto plazo.

En relación con esta situación, lo que nosotros estamos viendo en el acompañamiento que hacemos a las empresas, es un notable dinamismo. El marco de permanente cambio en las condiciones del mercado, la regulación y el contexto internacional, han formado una conducta empresarial de gran capacidad de reacción, que permite adaptarse a condiciones adversas para seguir produciendo y creciendo.

En este sentido, cuando hablamos con los empresarios nos cuentan que han ido a golpear puertas a funcionarios, que han solicitado financiamiento especial, que han innovado en mercados no tradicionales y otras tantas estrategias de adaptación al cambio. Si bien esto no siempre arroja los resultados esperados, en el conjunto se dinamiza la actividad. El empresario local es de por sí un emprendedor y también gracias a ello la Argentina es un claro ejemplo de cómo salir de las crisis agudas.

Frente a las diferentes opiniones, nosotros solemos sugerir evitar los extremos. Preferimos analizar la realidad con la mayor información posible, sin negar los efectos positivos y negativos de las políticas aplicadas por el gobierno.  Es innegable que está habiendo un proceso de sustitución de importaciones y que al mismo tiempo se han ido aplicando políticas concretas en materia de financiamiento productivo, reconversión de industrias y creación de puestos de trabajo (BCRA 5319, Créditos del Bicentenario, etc.).

Pero también es verdad que hay efectos no deseados en todo el proceso, que superan la capacidad de maniobra del gobierno y de sus funcionarios, que deben ser analizados a la luz de una estructura productiva de una trama que para crecer requiere muchas importaciones, además de existir una concentración en sectores clave que influyen en la formación de precios y por ende en el proceso inflacionario.

Moreno es un ejecutor de una concepción política y hay que analizarlo en ese contexto.

Hace un año, charlando con un conocido politólogo, nos decía que si la administración del comercio exterior que estaba llevando a cabo el Secretario lograba controlar la fuga de capitales y permitirle al Estado atender compromisos de la deuda externa sin endeudarse, se trataría de una hazaña al mejor estilo de Superman. Yo no creo que sea para tanto, pero nadie puede negar el éxito que tuvo en términos del objetivo que se planteó el gobierno especialmente allá, por noviembre del 2011, cuando la fuga de capitales era una verdadera amenaza para la estabilidad macroeconómica de la Argentina.

Así como sabemos que hay trámites de importación demorados y que eso ha perjudicado a algunas empresas tal vez injustamente, también conocemos casos donde se ha promovido con éxito las inversiones productivas que buscan reducir la dependencia externa de algunas cadenas de valor.

Esto nos enseña que no alcanza con evitar las importaciones para lograr un verdadero proceso de sustitución de importaciones y de defensa de la industria nacional. Podemos rescatar que también está en vigencia una propuesta de promoción y apoyo a la industria nacional, que puede permitir el crecimiento con inclusión social; en ese sentido, hay mucho que mejorar, especialmente en la coherencia y aplicación de las políticas destinadas al crecimiento y desarrollo nacional.

Artículo publicado en la revista Punto Biz