Cómo surfear la actual coyuntura financiera
Los hechos que sucedieron en la economía argentina desde principios del año 2014 han traído como consecuencia un importante cambio en el contexto macro del país. La devaluación impulsó el aumento de insumos importados, que incluso antes de que opere el pass-through (o coeficiente de traspaso), generó un fuerte cambio en los precios relativos impulsando […]

Los hechos que sucedieron en la economía argentina desde principios del año 2014 han traído como consecuencia un importante cambio en el contexto macro del país. La devaluación impulsó el aumento de insumos importados, que incluso antes de que opere el pass-through (o coeficiente de traspaso), generó un fuerte cambio en los precios relativos impulsando una suba generalizada de precios. Como respuesta a este fenómeno, el Banco Central de la República Argentina llevó a cabo un conjunto de medidas monetarias restrictivas que han afectado significativamente las finanzas de las empresas y cuyos efectos se están observando en la actualidad.

En efecto, hasta fin de marzo el BCRA retiró de circulación una suma que ronda los 28.000 millones de pesos, principalmente a través de la colocación de títulos (LEBAC y NOBAC) por unos 38.000 millones de pesos. La mayor emisión de títulos por parte del BCRA se dio inmediatamente después de la devaluación (entre fines de enero y el mes de febrero) lo que significó entre otras cosas un importante freno a la especulación contra el peso, que se pudo observar en la baja sustancial que registró el Dólar Ilegal (el denominado “Blue”). Producto de que estas colocaciones se concretaron a tasas cercanas al 29%, el costo del dinero aumentó para toda la economía, reflejándose en las tasas de interés pagadas por el crédito.

Si bien este fenómeno se vio contrarrestado durante los últimos días por la compra de divisas generadas principalmente por el sector agroexportador y los redescuentos otorgados por el BCRA (que significaron una nueva inyección de dinero en la economía), el efecto restrictivo antes mencionado sobre el mercado monetario aún se evidencia en las altas tasas de interés, con relación a principios del año.

Cabe destacar que hacía mucho tiempo que en la economía Argentina el Estado no entraba a competir con el sector privado en la demanda de dinero, circunstancia que aparece como un fenómeno que reaparece, al menos en el corto y mediano plazo, y que influye en la toma de decisiones de las empresas, especialmente en las PyMES, a las cuales les resulta cada vez más difícil acceder al crédito bancario.

Como es sabido, cuando existe un amplio spreed entre la inflación y las tasas de interés, las empresas pueden verse incentivadas a endeudarse para adquirir productos, ampliando así sus inventarios y procurando ganarle a la inflación. En la circunstancia actual esta práctica pierde su atractivo ya que con el nivel de tasas vigente no es tan fácil sacar provecho a esta maniobra, sumado a que las empresas se enfrentan a un menor volumen de operaciones y un contexto de mayor iliquidez, cuestiones que se derivan directamente de la disminución del dinero en circulación y del consecuente aumento en las tasas.

A esta situación de restricción financiera se le suma la merma del consumo (ya sea por una cautela generalizada, como por la retracción en el consumo producto de aumentos desmedidos de precios), por lo que el traslado del aumento de los costos a precios debería hacerse con cautela y previsión. Estas cuestiones enfrentan al empresario con el desafío de precisar su estrategia comercial y de precios, consolidando sus posiciones y evitando improvisaciones propias de un contexto de alta volatilidad.

Es probable que a partir de los nuevos niveles salariales que surjan de las paritarias, esta merma en el consumo se vea parcialmente contrarrestada, posiblemente hacia mediados del año; a su vez, el paulatino y lento regreso de planes de financiación en cuotas para el consumo podría estar favoreciendo este fenómeno.

Dada esta nueva coyuntura, las empresas se han enfrentado a la necesidad de replantear sus programas de inversión y desarrollo de proyectos, debido al incremento sustancial en los costos, entre los cuales se destacan los financieros. Si bien se mantienen vigentes los programas de financiación para inversión productiva a tasas promocionadas, la utilización de fondos propios vuelve a ser una alternativa de financiamiento para capital de trabajo, a la expectativa de lo que ocurra con el comportamiento de las tasas de interés y el resto de las variables que influyen en las decisiones de los agentes.

Por lo tanto, es importante que las empresas realicen una gestión financiera con profesionalismo y planificación, ya que se trata de una coyuntura en la que se ve fuertemente afectada la cadena de pagos. Si bien no resulta sencillo adaptarse en estos tiempos y ajustar la estructura financiera de la empresa, es  imperioso hacerlo, puesto que de lo contrario se puede caer en una situación de iliquidez que resulte muy costosa de afrontar en épocas de altas tasas.

Por Daniel Guida – Director de Grupo Guida

Fuente: artículo publicado en revista Punto Biz, edición Aniversario, año 2014