La Argentina está en una coyuntura muy particular condicionada por el frente externo, pero hay una gran expectativa de resolución del conflicto con los llamados “fondos buitre”, lo que junto con los acuerdos ya logrados con otros acreedores externos, implicará un incentivo a la inversión y una mejora en las expectativas macroeconómicas.
Además, la alianza con países importantes como Brasil, Rusia y China, genera buenas expectativas en cuanto a las relaciones exteriores y su influencia en la economía interna.
En el frente interno, la menor actividad económica observada en el primer semestre de este año ha, implicó una merma en la dinámica de los precios, que de mantenerse significará una inflación menor a la que se especulaba a comienzos de año, cosa que sería altamente positiva para la economía en general.
Al mismo tiempo, se comienza a observar un relajamiento de las medidas restrictivas por parte del gobierno, con una baja en la tasa de interés y medidas de apoyo a sectores más vulnerables, por lo que es de esperar una mejora paulatina de la economía doméstica.
Si bien es posible que el país no crezca a tasas similares a años anteriores, hay razones objetivas para esperar que la economía no tenga un crecimiento negativo.
La principal preocupación para el próximo semestre, tiene que ver con la permanente puja de intereses que caracteriza a nuestro país, y con una falta de unidad política en torno a los temas centrales de la economía. La situación externa puso en evidencia que no es fácil para los argentinos traducir en hechos y posturas aquellas políticas de Estado que afectan el interés común.
En el plano interno, esto se traduce en tensiones distributivas y la amenaza de especulación en el plano económico que desde luego resulta de difícil resolución, porque a su vez genera inestabilidad política, de caras al recambio gubernamental del año próximo.
Desde luego, cualquier crisis económica no es una cuestión exclusiva del gobierno; si bien tiene la mayor responsabilidad ante una crisis, es el conjunto de los actores económicos que deben mantener una posición conciliadores y tendiente al interés nacional, sin encerrarse en una cuestión ideológica. En este sentido, el pragmatismo que ha demostrado el actual gobierno al aplicar medidas de política económica provenientes de distintas vertientes de pensamiento, demuestra que la política económica tiene mucho más que ver con la realidad que con cuestiones ideológicas.
Con respecto a la inflación, de acuerdo a la información oficial, es notorio que el aumento del nivel general de precios se ha venido desacelerando en los últimos meses, por lo que la expectativa de un índice de precios más moderado para el 2014 son cada vez más fundadas. Si el IPCNu continúa con este ritmo de desaceleración, el aumento de precios en el año podría ser menor al aumento obtenido en las paritarias, generando una posible mejora en los salarios reales y por lo tanto es de esperar una mejora general en la actividad. De todas formas, no debemos descuidar cómo reaccionarán los distintos sectores ante posibles aumentos en la demanda.
En cuanto al dólar, es evidente que la cuestión con los fondos buitre juega un papel fundamental y es tal vez en el mercado cambiario donde más pueda repercutir. Partiendo de la base de una solución a este conflicto, es de esperar que el tipo de cambio tenga un comportamiento similar al de los últimos meses, ya que el Banco Central seguirá administrando esta variable, por lo que su valor será la resultante de la política comercial y cambiaria adoptada por el gobierno, para lo cual es importante el nivel de reservas que tenga en el BCRA. De todas formas, es importante considerar el efecto que pueden tener los ataques especulativos en el comportamiento del tipo de cambio, ya que como se ha observado claramente en los últimos años, los movimientos especulativos contra el peso pueden condicionar la marcha del programa macroeconómico.
Una edición de esta nota fue publicada en la revista Punto Biz, ejemplar Nº 308, primer quincena de julio de 2014.